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El vino
En este Concerto di Fonterutoli 2020, encuentro un encuentro de contrastes: la fruta madura, las hierbas asadas y las especias se apoyan en una estructura tánica seca y bien integrada. Este IGP Rosso Toscana combina a partes iguales Merlot y Sangiovese, para una expresión concentrada que conserva el equilibrio en lugar de apostar solo por la potencia.
La bodega Mazzei se encuentra en Fonterutoli, en la zona del Chianti Classico, en el corazón de la Toscana. La familia Mazzei es propietaria del Castello di Fonterutoli desde 1435; esta larga historia sitúa la bodega en un paisaje donde la viña y la tradición vitivinícola ocupan un lugar central. El Concerto lleva, sin embargo, la indicación IGP Rosso Toscana, y no la denominación Chianti Classico: ese es el marco que conviene tener en cuenta para situar este vino.
Las viñas mencionadas para esta cuvée están plantadas a unos 350 metros de altitud, en colinas frescas rodeadas de bosque, que las protegen de los fuertes calores estivales. Las uvas se cultivan respetando el medio ambiente, y luego se vendimian a mano en su punto de madurez y se seleccionan antes de la vinificación. El Merlot representa el 50 % del coupage, y el Sangiovese el 50 % restante. Tras el despalillado, la fermentación se lleva a cabo en depósitos de acero inoxidable; la crianza comprende 18 meses en barricas de roble y después tres meses en depósitos de hormigón. Estas etapas ofrecen algunas pautas de estilo, sin borrar lo que la añada 2020 expresa en la copa.
El color es el de un vino tinto. En nariz, los aromas complejos de bayas silvestres y grosella negra se acompañan de hierbas asadas, especias y notas minerales oscuras. No buscaría aquí un buqué uniforme: los frutos negros y los matices vegetales componen más bien un perfil de múltiples facetas. En boca, la fruta dulce es abundante y se percibe de inmediato. Le acompañan unos taninos secos e integrados, que aportan firmeza y equilibran la sensación frutal. El vino se describe como concentrado, pero su estructura no descansa únicamente en la densidad: el acuerdo entre fruta, taninos y especias le da relieve. Es un tinto para tomarse el tiempo de observarlo, dejando que los aromas evolucionen en la copa.
Yo lo serviría con una tabla de embutidos o quesos curados, cuya sal y riqueza dialogan con la fruta y los taninos. También puede acompañar una carne roja o caza; para un maridaje más marcado, los quesos azules también figuran entre las posibles combinaciones. La fuente incluso sugiere los pescados grasos, una pista interesante si te gustan los maridajes menos previsibles. En la mesa, déjale tiempo para abrirse y elige un plato de sabores francos, sin enmascarar sus notas de bayas, cassis y hierbas. Este Concerto se presta tanto a una comida generosa como a una cata atenta: una bella manera, a mi juicio, de acercarse a la Toscana a través de un coupage singular y bien estructurado.
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