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El vino
Te recomiendo este Brunello por una razón que tiene menos de ostentación que de arraigo: Poggio di Sotto deja que hable aquí un paisaje de laderas, piedra y luz. Este 2019, elaborado con Sangiovese y criado durante largo tiempo en madera, invita a tomarse el tiempo en lugar de buscar el efecto inmediato.
La bodega Poggio di Sotto se encuentra en Castelnuovo dell’Abate, en la ladera sur de la denominación Brunello di Montalcino DOCG. Los viñedos ocupan pendientes en terrazas, entre 200 y 400 metros de altitud, en un anfiteatro natural resguardado por el monte Amiata. Sus diferentes exposiciones aprovechan las brisas del valle del Orcia. El suelo, pobre y pedregoso, mezcla arcilla y roca caliza: un terreno poco generoso en vigor, donde las raíces se hunden en una materia mineral muy presente.
El Sangiovese procede de viñas con una edad media de 25 años. La propiedad fue adquirida en 2011 por Maria Iris y Claudio Tipa, que han desarrollado su proyecto vitivinícola en la Toscana en torno a bodegas como ColleMassari y Grattamacco. En Poggio di Sotto, el enfoque declarado sigue siendo tradicional: selección minuciosa de los racimos, fermentación en cubas de madera con levaduras autóctonas y maceración prolongada con los hollejos. Tras la fermentación maloláctica, el vino pasa 30 meses en barricas de roble de 30 hectolitros. El cultivo ecológico, confirmado para este vino, acompaña esta atención puesta en la expresión del lugar.
La información disponible lo describe como un vino tinto criado en madera, pero no ofrece un color más preciso que esa indicación, ni una auténtica ficha de cata que detalle nariz y boca. Prefiero, por tanto, no inventarte aromas de cereza, especias o sotobosque. La descripción de la bodega evoca matices florales que aparecen durante la crianza y una textura que el reposo en grandes barricas termina de pulir. Son los únicos referentes sensoriales precisos que se transmiten; sugieren una búsqueda de finura, sin permitir prometer un perfil aromático más detallado.
Para descorcharlo, elegiría una mesa donde el plato tenga presencia sin tapar el vino: una carne asada, un guiso o un queso curado pueden ofrecer bellos maridajes con un Brunello de Sangiovese. Sírvelo en una comida donde se pueda dejar que la copa evolucione con calma, en lugar de entre dos conversaciones apresuradas. Si aprecias los vinos ligados a su paisaje y elaborados sin notas de cata embellecidas, este Poggio di Sotto 2019 merece un lugar en tu mesa.
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