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El vino
En este Brunello di Montalcino 2020, encuentro una historia que comienza con una elección fundacional: dejar que hable solo el Sangiovese, en las colinas de Montalcino. Criado en roble de Eslavonia, este vino continúa la visión de una familia que, desde hace casi 160 años, vincula su nombre al nacimiento del Brunello.
La historia de Biondi-Santi se confunde en parte con la de la denominación. Hacia 1865, Clemente Santi elabora un vino tinto exclusivamente a partir de Sangiovese. Su nieto Ferruccio planta después en Montalcino un viñedo compuesto únicamente por esta variedad. En 1932, un informe del ministerio italiano de Agricultura lo reconoce oficialmente como el creador del primer Brunello. Hoy, la séptima generación de la familia prolonga esta labor, con uvas procedentes de sus propios viñedos y una atención puesta en la expresión del lugar.
Para la añada 2020, la vendimia es manual y los racimos son objeto de una selección. La vinificación emplea depósitos de acero inoxidable, madera y hormigón, con el fin de preservar la expresión de la uva y del terroir. El vino se cría después en barricas de roble de Eslavonia: la ficha de esta añada menciona 24 barricas, mientras que la presentación general del Brunello Biondi-Santi indica una crianza de 24 a 30 meses en barricas medianas y grandes. En cuanto a la cata, la información disponible sitúa su perfil a medio camino entre fruta y especias, entre juventud y notas de crianza, con un cuerpo también intermedio. Sin embargo, no describen con precisión su color, sus aromas ni sus sabores: prefiero, por tanto, no prometerte notas de cata que no están documentadas. El Sangiovese y la crianza ofrecen aquí las referencias más seguras.
Serviría este Brunello con caza, carne roja o un buen embutido, maridajes propuestos para este vino y adecuados a su estilo estructurado sin presentarlo como masivo. Los quesos curados también pueden tener cabida en la mesa. Puedes imaginártelo en una comida en la que se toma tiempo para hablar del vino tanto como de los platos, sin intentar convertir cada copa en una ceremonia. Su filiación histórica y su crianza en roble de Eslavonia dan pie a la conversación, mientras que su arraigo en el Sangiovese permanece en el centro. Si quieres degustar un capítulo vivo de la historia vitivinícola de Montalcino, el 2020 de Biondi-Santi merece un lugar en tu mesa.
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