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El vino
Hay Brunellos que cuentan Montalcino tanto por la paciencia como por su origen. El Poggio Landi Brunello di Montalcino Riserva 2018 se elabora con Sangiovese y se cría 48 meses en barricas de roble francés: una larga maduración que da a este vino tinto ecológico un lugar aparte en una cata atenta.
Poggio Landi se encuentra en Montalcino, en la Toscana, dentro de la denominación DOCG Brunello di Montalcino Riserva. La bodega pertenece a Alejandro Bulgheroni, empresario argentino que desarrolló viñedos y proyectos vitivinícolas en varios países antes de volcarse en los tintos toscanos. Aquí la variedad es el Sangiovese, procedente de viñedos repartidos por distintos sectores de Montalcino. Poggio Landi posee 33 hectáreas de esta variedad, en especial en las colinas de Montosoli, en el cru San Paolo, en La Crociona y en Torrenieri.
Los suelos se describen como mayoritariamente arcillosos, pero sería simplificar imaginar un terroir uniforme. Montalcino presenta una gran diversidad geológica: la historia tectónica de la Toscana y los antiguos avances del mar contribuyeron a la variedad de terrenos y sedimentos. Algunos productores habrían identificado numerosos tipos de suelo incluso dentro de sus parcelas. Este mosaico ayuda a entender por qué importa el origen preciso de las uvas, incluso cuando el vino lleva el nombre de una denominación común. Para esta Riserva 2018, la información disponible confirma una crianza de 48 meses en barricas de roble francés, es decir, 18 meses más que el mínimo indicado para la categoría Riserva.
Las notas de cata detalladas —color, aromas y sensaciones en boca— no se especifican en la información disponible; prefiero, por tanto, no inventar un perfil aromático. Sabemos que es un tinto de Sangiovese, ecológico y criado largamente en madera. Estos datos ofrecen referencias sobre su elaboración, pero no sustituyen una descripción sensorial ni garantizan por sí solos un sabor concreto. Si lo abres, tómate el tiempo de observarlo y de dejarlo evolucionar en la copa, en lugar de buscar aromas dictados de antemano.
Lo elegiría para acompañar una mesa generosa: una carne guisada, un asado o un plato de setas, seguido de algunos quesos curados. Son ideas de maridaje, que conviene ajustar según la botella y el plato, más que una promesa de cata precisa. Para una velada en la que os guste hablar del lugar, de la variedad y del tiempo que el vino ha pasado en bodega, este Brunello Riserva 2018 ya da materia para conversar. Sírvelo en una comida en la que puedas dejarle tiempo para abrirse y encontrar su lugar en la mesa.
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