Una spía, en Maremma, es una fuente. No cualquier fuente, sino la que brota directamente de la roca, a menudo en lugares un tanto apartados. La reconoces por el agua que se escurre en un hilo delgado, a veces apenas un goteo, pero es agua potable, fresca. Para ti, viajero, es una bendición durante una caminata bajo el sol. Puedes llenar tu cantimplora, refrescarte la cara. Es un punto de referencia sencillo, una señal de vida en el paisaje árido. Búscalas en los viejos caminos rurales, a menudo están allí desde hace siglos.
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